jueves, 18 de abril de 2013

Los responsables del expolio de Marbella



Una de las imágenes de la semana ha sido la esperpéntica salida de Isabel Pantoja de los Juzgados. 

Verla caída sobre el asiento trasero del coche, exhausta y como vencida por una turba eufórica que casi a partes iguales la piropeaba o la llamaba ladrona, ha sido sin duda una visión impactante.

Terminó el juicio y ya hay sentencia, ya era hora después de casi de diez años, no está mal y nunca es tarde si la dicha es buena, aunque puestos a ajustar cuentas debiéramos señalar a todos los responsables.

Porque si el GIL pudo expoliar Marbella es porque sus ciudadanos y votantes lo quisieron y propiciaron. Cuatro mayorías absolutas le dieron aun cuando todo el mundo sabía quienes eran.

Que nadie se engañe, no perdura el poder corrupto sin la complicidad de quienes lo sustentan, sin redes clientelares dispuestas a sacrificar la decencia a cambio de prebendas y migajas.

Pero tampoco sin la ceguera y la inacción de las autoridades, incapaces de ver la evidencia y reaccionar hasta que es demasiado tarde, porque el desmán ya está hecho.

Por eso, además de la Pantoja, Julían Muñoz y el resto de condenados, en el expolio de Marbella existen más responsables que, cuando menos, deberían saber que sabemos lo que hicieron durante aquel largo verano.

lunes, 15 de abril de 2013

La república como referente; hay que matizarlo







Efectivamente comparto los ideales de la República y celebro con entrañable nostalgia su aniversario, pero quiero precisar a qué me refiero.
La República fue muy breve, apenas cinco años durante los que  ocurrieron muchas cosas, y no todas admirables.
Tras su proclamación se abrió una puerta a la esperanza que cristalizó en una constitución  extraordinariamente avanzada para su época. A continuación se inició un periodo que apenas duró dos años, el bienio reformista, liderado por un gobierno de republicanos de izquierda y socialistas que impulsaron ambiciosas reformas educativas y agrarias principalmente, con la constante y feroz oposición de la derecha. Pero por la desunión de la izquierda, a continuación llegó el llamado bienio radical-cedista, del que a veces nos olvidamos, bajo los gobiernos de Lerroux, Salmerón y nuevamente Lerroux, que dieron marcha atrás a todas aquellas reformas, y durante los que ocurren sucesos muy lamentables, el más grave, sin duda, la represión de la revolución de octubre del 34, en Asturias, una represión dirigida por Franco, por cierto, que arrojó el desgarrador balance de 1.500 muertos, 1.200 de ellos socialistas y anarquistas asturianos, veinte penas de muerte, de las que se ejecutaron dos, decenas de miles de prisioneros en toda España, torturas, e incluso la detención, entre otros, de Manuel Azaña, que estuvo preso noventa días hasta que el Tribunal Supremo decretó su libertad. Después, la izquierda unida en el Frente Popular ganó las elecciones y volvió al gobierno, y fue entonces cuando se sublevaron los golpistas.
Pero todo lo anterior ocurrió durante la República, lo bueno y lo malo, y por eso prefiero matizar qué es lo que admiro de aquel periodo emblemático y en cierto modo también mitificado.
Son los valores de progreso y justicia social que enarboló la izquierda, el propósito de reformar una España atrasada y dominada por las oligarquías económicas, eclesiásticas y militares, el espítitu radicalmente democrático; esos son los ideales que comparto como un símbolo y un referente, más allá de la forma de gobierno.

domingo, 14 de abril de 2013

En memoria de la II República española



Después de comer, Carlos y yo salimos a la calle otra vez; el ambiente parecía más sosegado pero se palpaba una tensión densa y latente. A media tarde una consigna voló de boca en boca llamándonos a la Puerta del Sol. Allí se trasladó medio Madrid y allí nos fuimos nosotros. A las siete de la tarde no cabía un alma en la plaza. La muchedumbre ocupó las calles adyacentes, a la espera del acontecimiento que, se decía, en cualquier momento se iba a producir. De pronto vimos movimiento en un balcón del Ministerio; aparecieron, entre otros, Miguel Maura, Manuel Azaña y Largo Caballero. Se hizo el silencio y alguien tomó la palabra a través de un altavoz; el rey, nos dijo, había abandonado el país con rumbo a Francia, y antes de marcharse había cesado al gobierno. Por ello, continuaba el orador, ante el vacío de poder que se había producido, los allí presentes, a la vista de los resultados de las elecciones y en el nombre del pueblo soberano, proclamaban el nacimiento de una república que se hacía cargo de los designios de España. Don Niceto Alcalá-Zamora asumía provisionalmente la presidencia, y su primer gobierno se constituiría con carácter inmediato, con el encargo de redactar una constitución. Calló el orador y un espeso e impresionante silencio se apoderó de la plaza; de pronto desde el mismo balcón alguien gritó: “¡Viva la República!”, y la multitud  respondió al unísono un estruendoso “¡Viva!”, que dio paso a una explosión indescriptible de entusiasmo.

Fragmento de una novela que espero ver algún día publicada.


sábado, 13 de abril de 2013

Así nos ayuda Europa



Conste que no es ninguna novedad, pero es tan descriptivo que no me resisto a contarlo. Después de darles muchas vueltas y de dimes y diretes las eminencias de Bruselas por fin se ponen de acuerdo y proclaman, a bombo y platillo, que van a facilitar el crédito; bendita sea. Pero hay letra pequeña: ¿se trata de que los países que lo están necesitando van a acceder a crédito más barato? ni lo piensen. Lo que se decide es lo siguiente: El BCE prestará al 1 por 100 a los bancos, fondos de pensiones y otros intermediarios, para que éstos a su vez se lo presten a los Estados, pero fíjense por donde, en el caso de  España, que obviamente nos interesa, a intereses de entre el 4 y el 6 por 100. 

¿Y cuál es el efecto?, muy sencillo: nuestros impuestos, en vez de pagar la sanidad y la educación que tanta falta nos hacen, se destinan en buena parte a pagar los intereses de la deuda, que es como ahora llaman a este modo de usura financiera. (En 2012, se calcula, que España pagará 29.000 millones sólo en intereses de la deuda)

Y digo yo y se pregunta cualquiera, puestos a facilitar las cosas y los créditos, ¿por qué el BCE no le presta directamente a España, y así reducimos déficit y evitamos algunos recortes? Pensad un poco en la respuesta.

¿Y quien decide estas medidas? El BCE, ya lo he dicho, pero falta añadir el cómo y la respuesta es sencilla, por imposición de Alemania que, curiosamente, se financia al 1,2 por 100. Y luego hablan de reglas de competencia.

Mira que yo he sido siempre europeísta y ahora me lo estoy pensando. A la vista de lo que vemos no sé si vale la pena, porque en Europa entramos para avanzar y por aquello de la convergencia y no sé que más cosas, y ahora resulta que ni convergencia ni ocho cuartos que dicen en mi tierra, sólo recortes y más recortes y cada vez más pobres y menos convergentes, que parecemos apestados. Si esta es la solidaridad europea, de muy poco nos vale; ¿y si damos un portazo y decimos hasta luego? 


sábado, 6 de abril de 2013

¿Por qué escribimos?


Hace poco charlaba con un amigo, de esos con los que compartes más cosas que con el resto; cosas que uno se guarda y no suele comentar. Y fijaos que hablábamos de escritura, o para ser más exactos del hecho de que yo escriba, algo que en mi entorno pocos saben, porque me da cierto pudor reconocerlo. ¿Y por qué escribes?, me preguntó en un momento; bueno, le vine a decir, me entretiene y me gusta hacerlo, también ya es una costumbre. ¿Y piensas publicar?; ya me gustaría, le dije, en eso estamos, pero es muy difícil, hay mucha gente escribiendo. A continuación hablamos de lo complicado que hoy en día resulta publicar, de agentes y editoriales, de los concursos, y cómo no, de la autoedición y del libro digital y las plataformas de publicación en Internet; tocamos todos los palos.
Al rato nos despedimos, y cada uno se fue a lo suyo, hasta la próxima vez. 
De camino a casa me sobrevino la pregunta que mi amigo me había hecho: ¿Y por qué escribes, Andrés? Sí, ya la había respondido, me gusta y me entretiene hacerlo; pero, me decía a mí mismo, ¿eso era verdad?, ¿no había más qué decir? Continuaba andando, pensativo, y se me ocurrió plantear en abstracto la pregunta: ¿por qué se escribe?, ¿qué es lo que nos lleva a hacerlo? En estos días le he estado dando vueltas, y esto es lo que se me ha ocurrido responder.
Cuando ese amigo me preguntó por qué escribía mi primera respuesta fue hablar de entretenimiento, y podemos convenir en que uno se entretiene con las cosas que le gustan, que le dan satisfacción. Sin embargo, y si bien quien escriba habrá experimentado, sin duda, el placer, e incluso la emoción al descubrir cómo cuadra nuestra trama, o al encontrar el adjetivo perfecto que se andaba resistiendo; convendrá también conmigo en que escribir no es siempre un ejercicio placentero; que es duro y difícil dar forma escrita a nuestros pensamientos. Una vez oí que un escritor había dicho que escribir es bien sencillo: algo así como que bastaba con sentarse frente a un papel y comenzar a sangrar. Siempre me ha parecido una frase descriptiva; y qué decir al comprobar que no nos gusta lo que ayer creíamos perfecto. Concluyo, por tanto, que escribir, si bien nos puede dar satisfacciones, salvo que seamos masoquistas, no es un ejercicio que hagamos por puro divertimento.
Otra posible explicación es que se escribe con el deseo íntimo de alcanzar fama y notoriedad, de convertirnos en una celebridad y saborear las mieles de éxito literario; ese glamour que rodea al escritor que alcanza fama y prestigio. Probablemente en algún momento todo escritor haya llegado a pensar que, tal vez, por qué no, él también podría ser uno de lo elegidos; de hecho, todos los que a la postre lo son, un día sintieron su misma inseguridad e incertidumbre, y también su misma ilusión por conseguirlo. Pero lo cierto es que, salvo que se sea un iluso, uno enseguida asimila que no escribe por ese tipo de éxito, por la sencilla razón de que muy pocos lo consiguen. 
Entonces, si escribir no es precisamente un ejercicio divertido, y si hacerlo no garantiza, ni mucho menos, ganar prestigio y dinero, ¿por qué se escribe?
Tal vez escribir sea un reflejo irracional; la irreprimible necesidad de expresarnos; de decir quién somos, qué pensamos y qué cosas nos preocupan. Ya se trate de realidad o de ficción, al escribir plasmamos nuestra visión del mundo, y también nuestra complejidad; la disposición a ponernos en la piel de otro, y pensar como él lo haría o deducir porqué lo ha hecho, qué resortes le movían, porque de algún modo nosotros también somos ese otro, y por eso imaginamos como él reaccionaría ante situaciones en las que probablemente jamás nos encontremos. También porque al escribir nos expresamos se comprende el afán de perfección que persigue al escritor; nuestros textos hablan de nosotros, están diciendo quién somos, y es lógico que queramos ofrecer lo mejor que guardamos dentro.
Expresarnos y comunicarnos, que esa es la última y fundamental dimensión de la escritura. Salvo excepciones, se escribe para ser leído, porque escribir es un acto de comunicación que se completa cuando nuestra creación se comparte con la visión y el juicio del lector. Por eso se explica el afán por publicar que tienen los escritores, y su frustración cuando no encuentran editor; y por eso su impaciencia y a veces el error de publicar antes de tiempo.



sábado, 30 de marzo de 2013

El lenguaje de la crisis: de los recortes al escrache



Esta crisis tan profunda, además de dolorosas heridas, esta dejando también su huella en el lenguaje. Aparecen nuevos vocablos y otros antiguos se revitalizan o cobran insospechados sentidos.Vamos a examinar unos cuantos, y de paso ver qué significan. Hay voces que denominan agresiones, pues no son otra cosa los recortes, esa amarga e inútil medicina con que nos matan con la promesa de curarnos. Lo mismo se puede decir de los ajustes, que vienen a ser su sinónimo, y significan la voladura controlada de la sanidad, la educación y el sistema de pensiones públicos, en la evidente intención de hacer negocios con los amigos. Como coartada para semejante despropósito se apela al riesgo de rescate, curioso término que encierra una contradicción en sí mismo, porque todo el mundo sabe que un rescate no sería para salvarnos, sino más bien para hundirnos. Como artífices del cotarro nos encontramos un curioso triunvirato: Europa en manos de un gobierno conservador donde los haya, un FMI con sus tres últimos directores imputados, y una cohorte de agencias de raiting, que no obstante su probada incompetencia, se permiten aconsejar y aun exigir sacrificios en beneficio de la codicia voraz de los mercados, esos entes anónimos y amorfos para los que nuestros gobiernos acaban trabajando.
Al otro lado los ciudadanos claman contra los desahucios despiadados, exigen la dación en pago, una figura de elemental justicia que funciona en medio mundo, si bien en nuestra querida España al parecer es inviable, y a gritos denuncian estafas como fueron las llamadas preferentes, con las que se ha robado a los ancianos sus ahorros. Es normal que estemos indignados de ver tanta injusticia y sentir que nos toman por idiotas; pagando el precio de la burbuja inmobiliaria, una orgía de corrupción en la que otros se llenaron los bolsillos. Con descaro nos acusan de haber vivido por encima de nuestras posibilidades y, para engañarnos, nos piden paciencia y nos anuncian un remedo de esperanza en un futuro en el que nada volverá a ser como antes; como si lo de antes fuera el paraíso.
Y hay quien se extraña de que exista escrache, y dicen que no es democrático cuando son ellos los primeros en pervertir la democracia; los que sin rubor incumplen sus programas y prometen una cosa para hacer exactamente lo contrario; los mismos que amparan y compran el silencio de los corruptos; los mismos que deliberadamente mantienen un sistema judicial obtuso y manipulado, incapaz de hacer justicia. Y esos demócratas de salón y cuello blanco se atreven a llamar terrorista a quien, porque sufre y nada tiene que perder, porque lo ha perdido todo, protesta y les exige soluciones en las puertas de sus casas.
Pues que se vayan enterando, y que se vayan marchando. Si no saben o no quieren arreglarlo, que dejen paso. Que la gente ya está harta.

martes, 26 de marzo de 2013

La difusión de la obra: el (otro) punto débil de la autoedición




Si perteneces a esa inmensa mayoría de escritores que no ha conseguido la fama o convencido a un editor para que apueste por tu obra, ya sabrás que el noble arte de escribir no se agota en la creación.
Como además de por tu propia satisfacción, escribes para ser leído, que esta es una condición universal, una vez convencido de que lo que has escrito merece ser leído, se te plantea el sano y muy respetable propósito de hacerlo llegar a los lectores.
Hablamos de la difusión de tu libro, lo que implica conseguir dos objetivos, ya lo edites en papel o en digital: el primero que el público conozca su existencia, y el segundo y principal, que se decida a comprarlo (y mucho mejor si lo lee), o cuando menos a bajarse un ejemplar, si es que estás dispuesto a regalarlo.
Pero si escribir un buen libro no es sencillo, mucho menos resulta difundirlo por ti mismo.
Enseguida se piensa en Internet, el mismo entorno donde probablemente lo tengamos editado y publicado. Es fácil imaginar argucias más o menos previsibles con las que llegar a miles de potenciales lectores. El cuento de la lechera trasmutado al boca a boca digital.
Rápidamente te pondrás manos al teclado y colgarás el anuncio de tu libro, con su enlace, en los muros de tus amigos y en cuanta plataforma se te ofrezca en esa búsqueda que emprenderás en Internet.
Este es el error en el que no tardarás en darte cuenta que has caído. Compruebas que la aparición de tu anuncio es muy fugaz y enseguida se diluye en el torrente que circula por la red. También que aquel a quien tan afectuoso y cercano suponías, en realidad pasa bastante de ti, y si se digna a pulsar "me gusta", o acaso a felicitar tu valiente decisión, ya podrás darte por más que satisfecho, porque de que te compre el libro y/o se lo lea, salvo raras excepciones, ye te puedes olvidar.
Internet puede ser un instrumento poderoso, pero cuidado con el modo en que lo usamos. Como he oído decir, en la difusión "no hay peor enemigo que uno mismo con su obra". En todo caso, intenta ser sutil y ni se te ocurra abrumar a tus conocidos en las redes, y menos aun a los que te sean desconocidos; no conviertas tu obra en pobre spam, ni a ti mismo en un remedo de escritor.
Piensa que la publicidad, que al fin y al cabo de eso hablamos, es más eficaz cuanto más sutil y sugerente. Ofrece algo más que el simple enlace de tu obra, abre un blog y muestra cómo escribes, cómo piensas, quién eres; enseña tus relatos inéditos, opina de la actualidad, y si puedes, recurre a un buen profesional.