sábado, 7 de diciembre de 2013

De Madrid al cielo



De Madrid al cielo, dice el dicho castellano, y añade a continuación: y desde el cielo un agujero desde el que poder ver Madrid. Así de orgullosos han visto siempre a Madrid los madrileños, y así la hemos visto también nosotros, foráneos de esa ciudad excitante y emblemática que siempre hemos sentido un poco nuestra. Una ciudad que, sin embargo, de cara al exterior no atraviesa, parece ser, su mejor momento. Mientras España bate records de visitas de turistas, Madrid los pierde a mansalva. A pesar de su historia, de sus esplendidos parques e inigualables museos, de sus teatros y cines (es verdad que cada vez menos), de su envidiable oferta de bares y restaurantes, de sus comercios, del Real Madrid, el Atlético y el Rayo Vallecano; a pesar de todo eso, es un hecho que la ciudad pierde su encanto y, por alguna razón, los datos cantan, ya no interesa.

Podéis decir a gritos que es la capital de Europa, decía del Madrid de la movida la letra de un conocido tema de Los Refrescos, allá por los años 80. Menos playa, Madrid lo tenía todo, igual que ahora. La diferencia es que entonces la frase expresaba una idea que el imaginario colectivo podía asumir sin problemas. Se respiraba en el ambiente que, liberado de la losa gris del franquismo, Madrid volvía a ocupar el lugar que por su personalidad e infinitos atractivos le corresponde, el de una de las más atractivas capitales del planeta, que llamaba la atención y la curiosidad de medio mundo. La movida promovida por el ayuntamiento regaló a Madrid una impronta de vanguardia cultural que atravesó las fronteras. 

Pero a muchos madrileños aquello no les acababa de convencer. No les parecía serio que el futuro de Madrid se diseñara por quienes patrocinaban la marcha y el jaleo. Incapaces, en su miopía, de comprender que aquello fuera la expresión de las tendencias culturales del momento: en la música, el cine, la pintura, las universidades, las letras, decidieron que era mejor encomendar el futuro de Madrid a quienes creyeron más afines a sus ideas e intereses. Así le dieron el poder del ayuntamiento a la derecha de siempre, dispuesta, como siempre, a poner orden a tanto desenfreno y, como diría Rajoy en uno de sus alardes de transparencia, a hacer las cosas como Dios manda, es decir, a hacer las cosas bien hechas. Y así se hicieron y así vino lo que habría de venir: al cierre de locales emblemáticos sobrevinieron el de las salas de cine y los teatros, después llegó el afán por las obras sin cortapisas del déficit, el tamayazo y la inefable Esperanza Aguirre, con su secuela de vergonzosos pelotazos sin complejos, Gallardón, tan de derechas como ya sabíamos y ahora comprobamos, y como cenit y compendio paradigmático, el esperpéntico relaxing cup de Ana Botella.

Bajo los gobiernos de la derecha, el ayuntamiento de Madrid no ha sabido o, probablemente, no ha querido promover una cultura propia que expresara el enorme potencial de dinamismo y creatividad que atesoran los madrileños. La derecha nunca se ha fiado de la cultura, quizá porque la cultura no se deja controlar y ellos, tan liberales como se proclaman, no soportan que algo pueda escapar a su control. Así las cosas, Madrid no ha forjado una identidad cultural, y se ha convertido en una ciudad adocenada que no tiene nada verdaderamente propio y distinto que ofrecer.

Y aquí estamos, veinte años más tarde, rememorando y reeditando grandes temas de los 80, perplejos porque Madrid, una ciudad fascinante, ha perdido su sitio y su carisma, y al parecer no interesa.  


jueves, 5 de diciembre de 2013

Otra forma de publicar

Entre reseña y reseña, hoy quiero hablaros de un recurso para escritores que descubrí hace unos meses y que  me ha parecido interesante compartir. Tal vez lo conozcáis, se trata de entreescritores, una plataforma de autopublicación distinta de otras opciones bien conocidas como Amazon, Bubok, Lulú y demás, más bien orientadas al propósito de venta. Entreescritores se autodefine como una red social donde los escritores pueden ser publicados con el apoyo de los lectores, y consiste, básicamente, en una plataforma a la que los autores pueden subir sus libros para ofrecerlo gratuitamente a los lectores. A los lectores, por su parte, se les da la posibilidad de expresar opiniones y valoraciones, en función de las cuáles la web crea un ranking de acepciación de cada obra. Se supone que alcanzar las mejores posiciones de ese ranking incrementa las posibilidades de que alguna de las editoriales que colaboran en el proyecto se interesen en la publicación. 
Más allá de las expectativas de lograr la ansiada publicación que ronda a todo escritor, a mi modo de ver, el interés del sitio reside en proporcionar la oportunidad de que la obra sea leída y comentada por un público interesado por los libros y los nuevos modelos de difusión. Cualquiera que escriba alcanzará a comprender lo importante que es llevar su obra más alla del círculo próximo y necesariamente reducido de amigos o familiares, lo que no resulta fácil. Entreescritores brinda esa oportunidad, con el valor añadido de reunir lectores con un perfil peculiar, dispuestos a sondear más allá de lo que las editoriales se deciden a publicar.
En un momento en que hay tanta gente escribiendo y, en contraste, son tan pocas las oportunidades que ofrece el modelo editorial convencional, saturado y conmocionado por la tecnología digital, propuestas como entreescritores abren la puerta a nuevas fórmulas de publicación más democráticas, que conviene observar con atención.
El acceso a la plataforma es gratuito para el lector, aunque no para el autor, que deberá abonar 9,9 euros por la publicación de su obra, un precio razonable que no parece que vaya a echar a nadie atrás. Por lo demás, el manejo de las herramientas del sistema es bien sencillo y accesible a cualquier usuario medio de Internet.
Os animo, por tanto, a que visitéis el sítio y, si sois autores, considereís el recurso que se ofrece. Es una opción que da resupuesta a una necesidad que sentimos muchos escritores: hacer ver lo que escribimos y pulsar la opinión de los lectores. 
También os dejo el enlace en el que podéis acceder al manuscrito que acabo de publicar. 
 
 
 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Trópico de cáncer, de Henri Miller



Trópico de cáncer no es, desde luego, un libro al uso; resulta difícil clasificarlo. No parece estrictamente una novela, tampoco exactamente un diario, más bien un manifiesto personal irreverente y desgarrado. Es como un cuadro pintado a trazos de diferentes grosores; un torrente de expresión, en ocasiones desordenada, delirante, la digresión existencial elevada a la categoría literaria, a veces obsceno, otras delicado, erudito, profundo en sus disquisiciones, un reto y una provocación, sin duda: "ningún hombre ha sido bastante loco como para meter una bomba por el ojo del culo a la creación y hacerla saltar por los aires", nos dice Miller, y a continuación se entrega a ser el primero en intentarlo.
Pero la trama poco a poco aparece, al principio entreverada en imágenes difusas, de hastío y de liberación al tiempo, de rebelde, desdeñosa y procaz contestación a las normas y los principios.
No es una trama hilada, ni responde a un esquema de planteamiento, nudo y desenlace. El texto se compone de vivencias que se suceden en un ambiente promiscuo, irreverente, a veces esperpéntico, de hoteles de mala muerte, prostitutas, purgaciones y amistades superficiales y delirantes.
En las calles y plazas de París, sin un céntimo, pensando sobre todo en la comida y en el sexo, así vive, o mejor dicho sobrevive Henri Miller, Joe para sus amigos, un descreído y egocéntrico escritor americano, compartiendo vida y existencia con un extraordinario elenco de personajes extremos. 
El icono del París más bohemio, pero también más depravado y deprimente, es el que late en las páginas de una novela que recuerda la picaresca y la narrativa suburbana, que mantiene la frescura a pesar de los años, y que no deja indiferente.


martes, 29 de octubre de 2013

Los conquistadores, de André Malraux


 Los conquistadores nos traslada a los prolegómenos de la revolución china, en las primeras décadas del pasado siglo, cuando estalla la rebelión nacionalista frente a las dominación colonial británica y francesa.

La novela se organiza como un diario personal en el que el narrador va anotando los sucesos que se van precipitando: la huelga general en Cantón y posteriormente en Hong Kong, la reacción desconcertada e impotente de las potencias europeas, las acciones del terrorismo anarquista y el comienzo de las primeras escaramuzas armadas.

En un entorno de incertidumbre y violencia, un agente a sueldo de Moscú contacta con Garín, responsable de propaganda que la Internacional comunista ha destacado en la zona, con el que se adentra en el complejo escenario de la revolución en ciernes.

Trufada de excelentes pasajes literarios, Los conquistadores combina la intriga novelesca con profundas reflexiones políticas y filosóficas. Como epílogo, la edición que ha caído en mis manos incluye una conferencia de Malraux dictada dos décadas después de que escribiese la novela. En su discurso, el intelectual francés reprocha la inhibición de Europa en la conformación del orden internacional fraguado en aquel momento, monopolizado por los Estados Unidos y la Rusia soviética.

Leída con la perspectiva que nos da el tiempo, Los conquistadores se revela como una excelente novela histórica, con el interés añadido de ser coetánea al momento en que acontecieron los hechos.

jueves, 24 de octubre de 2013

Sinopsis de una novela



Para quien le pueda interesar, os presento la sinopsis de la última novela que acabo de revisar. Está registrada con el título “Ego te absolvo”, pero no es definitivo; también podría titularse “Probati”, “Monseñor Candell”, “Los papeles del otro concilio” o inlcuso algún otro que a veces me ronda.

Como podréis comprobar, la imagen que he elegido para ilustrar el post tiene poco que ver con la novela; es sólo un recurso visual.

Me interesan mucho vuestras opiniones.

LA TRAMA:

Manuel Calera, ex sacerdote, brillante profesor universitario, felizmente casado y padre de dos hijas, es asesinado a tiros en el aropuerto de Isabela (ciudad imaginaria), a su regreso de un viaje a Bérgamo.

De la investigación del caso se hace cargo el inspector Álvaro Garzón, quien descubre que la víctima es un destacado dirigente de Probati, una organización católica que propugna la eliminación del celibato obligatorio y pretende su revisión en un próximo concilio.

El crimen presenta una circunstancia singular: el asesino roba el maletín que portaba la víctima, desentendiéndose de todo lo demás.

Monseñor Candell, obispo de la diócesis, tras sospechar quién puede ser el asesino logra desenmascararlo mediante una estratagema que lo pone en evidencia.

El asesino es el padre Javier, amigo y compañero de la víctima desde los tiempos del seminario, que una vez puesto al descubierto desvela las claves del crimen: una conspiración fanática y la envidia y los celos acumulados durante años.

LA TEMÁTICA:

En paralelo a la trama policíaca, la novela aborda la institución del celibato católico y la pugna soterrada entre partidarios y detractores que se estaría librando en el seno de la Iglesia.

A lo largo de la narración se intercalan ficción y acontecimientos con base real, como los referidos al establecimiento y la evolución histórica del celibato, desde su implantación en el Concilio de Elvira , a principios del siglo IV, hasta el tratamiento que se le dispensó durante el Vaticano II.

La idea de la novela surge de la lectura de un artículo aparecido en el diario El País del día 9 de septiembre de 2011, bajo el título “Concilio traicionado, concilio perdido”, en el que se refieren las maniobras que, según el teólogo Giovanni Franzoni, llevó a cabo Pablo VI durante el concilio Vaticano II, para impedir los avances que propugnaba su antecesor Juan XIII, convocante del concilio.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/09/09/actualidad/1315519212_850215.html

LOS PRINCIPALES PERSONAJES:

Manuel Calera: La trama gira en torno a su asesinato, su trayectoria  y las actividades que venía desarrollando. Es un tipo brillante, eficaz, trabajador, persuasivo, que se ha echado a sus espaldas la dirección de Probati. 

Isabel Lloret: Joven y guapa esposa y después viuda de Manuel Calera. Interviene en la dramatización de distintos momentos de la trama, y a la postre se revela como un personaje crucial, pues la actuación del asesino guarda una estrecha relación con el deseo que siempre ha sentido por ella.

Álvaro Garzón: Es el inspector jefe de la brigada de homicidios. Un policía honesto y con experiencia que recela de las apariencias.  No responde al estereotipo del detective que está de vuelta de todos los desengaños; tampoco es violento ni corrupto, es un tipo nomal que quiere hacer bien su trabajo. Inicia y lleva el peso de la investigación aunque no va a ser él quien resuelva el caso. 

Marta Lloret: Es la ayudante del inspector Garzón. Bella, inteligente, trabajadora y suspicaz, colabora en la investigación. 

El padre Javier Garrido: De mediana edad, atento y servicial en apariencia, despierto, es un fiscal eclesiástico. Amigo de Manuel Calera desde los tiempos del seminario, y a la postre su asesino movido por el fanatismo y las envidias.

Monseñor Carlos Candell: Obispo de la Diócesis. Un tipo grandullón, socarrón y campechano. Coincidió con Javier y Manuel siendo el director del seminario en el que ambos se formaron. Sentía debilidad por Manuel, de quien acabó convirtiéndose en mentor. Tiende una trampa al asesino y descubre las auténticas motivaciones del crimen.

Valentín Romero: Decano de la Facultad de Historia, refiere el entorno universitario de Manuel Calera, de quien es amigo y estrecho colaborador.

Raúl Montero: Periodista y redactor del programa radiofónico Enfoques. Sugiere por primera vez que el asesinato de Manuel pudiera guardar relación con sus actividades en Probati.

Rafael Santos: Dirigente de Probati que se ofrece colaborar en la investigación. Informa a los inspectores de las actividades y fines de la organización,  e ilustra de la evolución histórica del celibato en la Iglesia.

Piluca Santacruz: Amante ocasional del inspector Garzón, y una de sus más eficaces colaboradoras en determinados asuntos delicados.  Indagando en su pasado, descubre una antigua relación amorosa entre Isabel y Javier.

INTERÉS EDITORIAL:

Se trata de una novela que se pretende entretenida y de lectura ágil y amena, cuyo atractivo se puede ver favorecido por las circunstancias de aparente apertura que se atisban en la Iglesia católica tras la elección del Papa Francisco, una de cuyas manifestaciones es, precisamente, la revitalización del debate sobre la revisión del celibato.

viernes, 16 de agosto de 2013

Los enamoramientos, de Javier Marías



Cada día, durante el desayuno, María Dolz coincide en la cafetería con un matrimonio que le llama poderosamente la atención. De buena posición y buen aspecto, María los idealiza como la pareja perfecta y como tales y desde una distancia casi furtiva cada mañana les observa y los admira.

Sin embargo, un buen día la pareja deja de asistir a su cita cotidiana en la cafetería, y María, poco después, descubre los motivos de la ausencia: Miguel Desvern, el hombre que cada mañana se sentaba a desayunar junto a su esposa, había muerto cruel y estúpidamente asesinado a manos de un marginado demente.

Este es el planteamiento con que Javier Marías nos propone un relato brillante y denso, en el que reflexiona en torno a muy diversos temas: la muerte sobrevenida cuando menos se la espera, el amor en sus distintas versiones y facetas, el engañoso juego de las apariencias. 

Creo que fue Capote quien sostuvo que el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que se puede hacer con las palabras. Desde mi personal visión yo añadiría que éste es también el mayor placer de la lectura. En Los enamoramientos las palabras suenan verdaderamente como música, y este es el mayor valor que, sin desmerecer la trama, yo quisiera resaltar de esta novela.

sábado, 3 de agosto de 2013

La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons



Puede que en la traducción una buena novela se deje parte de sus encantos, y este debe ser el caso de la versión que yo he leído de 'La hija de Robert Poste', de la que José C. Vales, su traductor, ya nos advierte, honestamente, en la nota que antecede al texto.

Y debe ser así porque la que, según reza en la contraportada del libro, "está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del siglo XX', lo cierto es que, a mi modo de ver, deja bastante que desear, o cuando menos frustra ostensiblemente las expectativas que tan generoso comentario despierta. Por lo visto, y aquí está la clave de la cuestión, la brillantez cómica de la novela radica en que la transcripción fonética del habla rural del sur de Inglaterra resulta desternillante para los ingleses, si bien pasa desapercibida por mayor empeño y talento que derroche el traductor. Por otro lado, la novela discurre muy apegada a las circunstancias literarias e intelectuales de su época, la segunda década del siglo XX, en la que sus, al parecer, constantes guiños y referencias, suscitan sensaciones que el lector actual no puede aprehender.

Salvado lo anterior he de decir que la novela se deja leer pero en modo alguno entusiasma. En resumidas cuentas, la autora nos narra los avatares de Flora Poste, una educada y moderna joven londinense, que al quedar huérfana se ve obligada a recurrir a sus parientes, lo que la acabará llevando a Cold Comfort Farm, una estrafalaria granja de la Inglaterra profunda, propiedad de los Starkadder, sus no menos estrafalarios habitantes.

Una vez en la granja, Flora Poste sentirá la necesidad de modificar las costumbres rurales de sus parientes, aplicándose al empeño hasta conseguirlo en apenas unos meses. En el relato de esa transmutación se entretiene la novela, divagando a veces en situaciones que resultan artificiosas e inconsistentes, y en las que la credibilidad de los personajes se resiente. Todo ocurre, como por ensalmo, conforme a los deseos y planes de la joven Poste, sin que ello obedezca a una línea argumental convincente, tal vez porque en la concepción de novela la intención de convencer ni siquiera se contemple.

En el haber del libro hay que reseñar el cuidado estilo literario, evocador de la narrativa de las Bronte, algo arcaico pero coherente con la época que nos presenta. Como curiosidad a señalar, la autora nos indica con asteriscos los fragmentos a los que atribuye un valor literario singular, en los que, añado yo, el trabajo del traductor también merece ser destacado.